Cuando Daniel nació, en enero de 2020, nunca imaginé que la cuarentena de la cesárea y de esos primeros días de recién nacido, se extendería con una pandemia que cambiaría el mundo y obligaría a todos a encerrarse en casa.
La maternidad que fue un terremoto en mi vida, acompañada del miedo por un virus desconocido que acababa con la vida tal y como la conocíamos hasta ese momento, vino a transformar cada fibra de mi ser.
Si un par de años atrás alguien me hubiese contado lo que sucedería después, lo llamaría loco o me reiría en su cara. Lo cierto es que todo parecía una película de ficción o terror.
Maternar en ese contexto me obligó a reinventarme dentro de las cuatro paredes de la casa. A medida que Daniel crecía, comencé a sentir la necesidad de mostrarle el mundo, de enseñarle lo que era un parque o una playa. Aunque sin poder salir de la casa, parecía un sueño imposible.
Entonces la creatividad comenzó a florecer de una manera extraordinaria. Yo siempre había sido una persona con una gran imaginación, pero ser madre logró aterrizar esas fantasías y transformarlas en escenarios divertidos para mi pequeño Travieso.
Recuerdo que uno de los primeros escenarios fue una tarde que habían anunciado que una nube de polvo del Sahara atravesaba el país. Con una sábana vieja hice un camello, mientras mi esposo se reía y comparaba la extraña figura con una vaca.
Con toallas hice las pirámides, el Sol, las pequeñas palmas y de pronto estábamos en Egipto. Disfrazamos a Daniel, que tendría alrededor de siete meses y le comencé a contar las historias más divertidas mientras él miraba atento y devolvía cada cuento con carcajadas agradecidas, como si entendiera el esfuerzo que mamá estaba haciendo para entretenerlo y enseñarle el mundo sin salir de casa.
De esta manera, comenzamos a viajar a los lugares más increíbles. Todo tipo de tela, manualidades, papeles de colores y hasta objetos de cocina, fueron útiles para construir los divertidos escenarios.
Un viejo mosquitero se transformó en un mar tormentoso, el colador adoptó la función de cazar estrellas por las noches y los rollos de papel sanitario se convirtieron en ruedas imaginarias de un trencito que llevaba los distintos colores en sus vagones.
Con cada escenario, también improvisábamos un cuento. En mi cabeza todo se entrelazaba de una manera extraordinaria, mientras mi niña interior daba brincos de alegría. Construir esos escenarios divertidos fue también una manera de sanar muchas heridas de la infancia, de abrazar mis traumas y convertir las tristezas en historias mágicas.
Cuando llegó Emma a nuestras vidas, el mundo que estaba en pausa por la Covid 19, comenzó a retomar su ritmo, aunque ya nada era igual. Con apenas tres meses de nacida, y Daniel con dos años y medio, decidimos emprender una travesía por toda Centroamérica para llegar a Estados Unidos y comenzar de cero.
Por tanto, Emma no disfrutó de esos escenarios con tela, ni de tantos cuentos mágicos, porque tuvo que enfrentarse a la realidad desde muy pequeña. En ese nuevo comienzo, tuve que reacomodar cada prioridad para poder cuidar de dos niños pequeños y juntos convertir los juegos y actividades en aventuras y sueños.
Aquí hemos convertido las cajas de cartón en aviones que, con un poco de imaginación, logran volar. Hemos hecho experimentos con bicarbonato y vinagre hasta que logramos ver un volcán en erupción, y los hechizos más increíbles se convierten en una realidad.
Han sido dos maternidades muy diferentes, con el mismo enfoque, pero distintos contextos, por tanto, cada experiencia ha sido transformadora. Este último año, lleno de cambios y desafíos, me ha removido la vida de una manera tremenda. En muchas ocasiones ha sido muy difícil llevarlo todo a la vez y lograr construir un mundo lleno de fantasía para los niños, mientras aterrizamos en este nuevo comienzo, con todo lo que eso implica.
Entre trámites, papeles, preocupaciones, y estrés, la mapaternidad ha sido un reto, y también el impulso. Emigrar y maternar a la vez, me han obligado a renacer, a reinventarme y a buscar la manera de construir un hogar, mientras todos crecemos juntos y damos los primeros pasos en esta nueva vida.

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Annie Delgado Neto
Es increíble la percepción de los estados de ánimo por parte de los niños. Aparentemente para nosotros «no se dan cuenta», pero….no es así. Y lo mejor que tienen es que dicen las cosas «sin pelos en la lengua», de ahí la frase «los niños no mienten» cuando de opinar se trata. Muy bonito artículo! 👏👏👏👏👍😘😘😘😘
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Crecer en un mundo donde la magia y el amor se entrelazan con el aprendizaje y el juego es un regalo para nuestros hijos....
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Annie Delgado Neto
Qué bonito artículo!👏👏👏 Después de ser madre, vendrán otras versiones de tí, y aunque eres tú….nunca serás la misma. Te lo aseguro!!💞 Y ni qué decir cuando se llega a «otra escala»…. la de abuela!! Más nunca te encuentras!!😉🤗😍😘😘😘😘
Pablo Gustavo Díaz Reyes
Te puedo asegurar que con cada paso que das te vas volviendo más fuerte, más inteligente vas viendo la vida con diferentes matices que te van dando la sabiduría necesaria para afrontar los problemas eres una prodigio de la escritura así como ser madre me siento feliz por esos bebés que ya van creciendo y que ha cuidado con tanto amor, un beso grande los quiero mucho sigan así y verán que van ha salir a delante , ya lo están haciendo poco a poco un abrazo
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Alberto el Sala
Linda crónica… mamá!
Ketty
Excelente!!! es una lástima que no da opción de dar me encanta!!! bendiciones para todas las madres del mundo!!!