Periodista Mamarazzi

niños con girasol

Sin perder tiempo, los hermanos Emma y Daniel, junto al hombre infeliz que quería rescatar sus deseos, se dirigieron al majestuoso Árbol de los Sueños. Su tronco estaba cubierto de inscripciones y símbolos, y su energía era palpable. Daniel y Emma tomaron de la mano al hombre que miraba a su alrededor sorprendido.

En ese instante mágico, las ramas del árbol comenzaron a moverse, mientras se dibujaba la silueta de una pequeña figura cada vez más nítida. De repente un niño con ojos brillantes y risa contagiosa se acercó al triste adulto.

El hombre se sorprendió al ver a ese pequeño ser, que era una versión pura y llena de energía de sí mismo.

—¿Eres tú? —susurró con un nudo en la garganta.

El niño interior asintió con una sonrisa radiante.

—Sí, soy yo. Esperaba ansioso que pudieras encontrarme algún día. Ha pasado mucho tiempo— le respondió con algo de nostalgia.

Las lágrimas acudieron a los ojos del adulto, reconociendo que durante años había ignorado y olvidado al niño interior que una vez fue. Pero ahora, frente a él, comprendía la importancia de esa conexión perdida.

—Lo siento —dijo el hombre con sinceridad—. He dejado de soñar y olvidé lo que realmente importa en la vida.

—No te preocupes —respondió el niño interior con voz tierna—. Estoy aquí para recordarte que siempre se puede recuperar la magia. Los sueños nunca desaparecen, solo esperan a que los abracemos nuevamente.

El hombre asintió, mientras el corazón palpitaba con una energía renovada. Entonces, el niño interior tomó la mano del adulto y lo condujo hacia una pequeña puerta secreta que había permanecido oculta entre las raíces del Árbol de los Sueños.

—Aquí está la clave para cumplir tu sueño de ser pintor —dijo el niño interior con entusiasmo—. Esta puerta lleva a un espacio mágico donde podrás encontrar la inspiración y la creatividad que perdiste en el camino.

El hombre miró a los hermanos con gratitud, y le agarró la pequeña mano al niño feliz que esperaba por él. Juntos cruzaron el portal hacia el espacio mágico.

Los hermanos curiosos se asomaron a la puerta y descubrieron un estudio de arte encantado. Pinceles y colores flotaban en el aire, y lienzos en blanco esperaban ser dibujados con los sueños más increíbles.

El niño interior tomó la mano del adulto y lo llevó hasta un caballete especial.

—Aquí, puedes comenzar de nuevo —dijo con cariño—. Permítele a tus sueños fluir a través de tus pinceles.

El adulto tomó un pincel y lo sumergió en los colores brillantes. Con cada trazo, sentía cómo su corazón se liberaba y su alma se llenaba de dicha. Poco a poco, la tristeza se desvaneció y fue reemplazada por la alegría y la pasión.

Emma y Daniel comenzaron a dibujar juntos en uno de los lienzos, maravillados por la extraordinaria aventura que disfrutaban en ese momento.

El adulto pintó con intensidad, recordando su amor por el arte y la belleza del mundo que había olvidado. Y mientras pintaba, el niño interior lo alentaba, recordándole que los sueños pueden hacerse realidad si se les da espacio en el corazón.

De pronto, el hombre y su niño interior se sumergieron en un abrazo de reconciliación, mientras sanaban heridas pasadas y abrían paso a una nueva realidad llena de sueños cumplidos.

A partir de aquel día, el hombre comenzó a pintar con pasión hasta que sus cuadros se exhibieron en las galerías más famosas del mundo. Sus obras de arte transmitían el brillo del Reino de los Sueños, con una tonalidad azul especial, y la magia se transformó en girasoles que llenaban todo de luz.

—Gracias, jóvenes —dijo el hombre, con gratitud en su corazón—. Han devuelto la luz a mi vida. Nunca olvidaré esta experiencia.

Daniel y Emma ya tenían que marcharse del Reino de los Sueños, casi era hora de despertar. Agradecieron al sabio árbol por la lección aprendida y dijeron adiós al adulto feliz que agarraba con ternura la mano a su niño interior, para que nunca más pudieran separarlos.

—¿Cuál es tu nombre? —le preguntó curioso Daniel al extraño hombre antes de despedirse.

—Mi nombre es Vincent, Vincent van Gogh—respondió el hombre, con gratitud en su corazón.

Daniel y Emma intercambiaron miradas sorprendidas. Era el famoso pintor Vincent van Gogh, mamá les había hablado de él muchas veces.

—¡Es un honor conocerte, Vincent! —exclamó Emma emocionada.

—El honor es mío —respondió Van Gogh, con una cálida sonrisa—. Gracias a ustedes, he vuelto a encontrar la magia de mis sueños. Como símbolo de gratitud, quiero regalarles algo muy especial.

Vincent Van Gogh tomó un lienzo en blanco y, con pinceladas expertas, comenzó a pintar un girasol dorado que parecía cobrar vida en el lienzo. Cuando terminó, les entregó el cuadro a Daniel y Emma con una sonrisa radiante.

—Quiero que este girasol mágico siempre les recuerde la importancia de los sueños—dijo el famoso pintor—. Espero que siempre encuentren la fuerza para perseguir sus pasiones y creer en la magia que vive dentro de ustedes.

Daniel y Emma tomaron el cuadro con reverencia, sintiendo la energía mágica que emanaba de él. Sabían que este regalo sería su tesoro más preciado, un símbolo de la aventura que vivieron en el Reino de los Sueños.

—Gracias, Vincent —dijeron los hermanos al unísono—. Nunca olvidaremos la lección de hoy.

Con un último adiós, los hermanos dejaron el Reino de los Sueños, sintiendo una conexión especial con Vincent van Gogh y con el mágico girasol que ahora formaba parte de sus vidas.

Cuando despertaron, ambos se miraron con una complicidad compartida. Sabían que, a partir de ese momento, nunca dejarían que la magia de los sueños se desvaneciera, y siempre se cuidarían el uno al otro.

Y así, en el mundo de los sueños y en el mundo real, Daniel y Emma encontraron el valor para perseguir sus pasiones y creer en la magia de la vida, con el recuerdo de aquel reino especial y el mágico girasol que llenaba de luz a cada niño interior del mundo. Los hermanos volvieron a sonreír, lo cierto es que cada aventura en los reinos de Traviesilandia, es un viaje lleno de magia.

 

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