En el tapiz de la vida, cada madre migrante lleva consigo los hilos entrelazados de múltiples duelos. La maternidad también representa, de algún modo, un duelo que llega al dejar atrás la mujer que éramos y dar la bienvenida a esa nueva piel de mamá que nos cubre.
Por tanto, enfrentar esos cambios como mamá en una nueva tierra, lejos de tus raíces y tu red de apoyo, implica que varios de esos duelos confluyan y den paso a una montaña rusa de emociones. No podría describir cómo ha sido este último año para mí. Las palabras adecuadas no llegan, y el nudo en la garganta a veces aprieta demasiado.
Maternidad y migración tienen muchos puntos en común. Son dos procesos transformadores que nos obligan a reinventarnos mientras salimos de nuestra zona de confort. Vivir ambos procesos a la misma vez, y con dos hijos pequeños que requieren y consumen mucho de nuestro tiempo, es algo que verdaderamente nos atraviesa la vida.
Desde las pérdidas que fluyen al abandonar la tierra natal hasta los desafíos emocionales que surgen al criar a nuestros hijos en una cultura diferente, cada etapa del viaje encierra su propio duelo.
Ser madre es de algún modo reinventar la identidad, sentir que te pierdes detrás de esas ojeras y las largas noches de insomnio. Como migrante, esa identidad también se tambalea, se pierde, mientras buscas la manera de adaptarte a un país que te abrió las puertas y en algún momento verás como tu segunda patria; pero todo eso lleva tiempo.
Sientes que no perteneces a ningún sitio. Ya no eres de allá, pero todavía no eres de acá, y en medio de ese limbo tienes que construir un hogar seguro para tus hijos, y tejer nuevas historias en tierras desconocidas. A veces siento que soy un árbol que floto, mudando constantemente sus ramas. En medio de esto, me cuesta mucho trabajo florecer. Primero tengo que echar raíces, sentirme en tierra firme, y podar todo lo que ya no aporta al nuevo crecimiento. Convertirme en un árbol firme y seguro para poder darle a mis hijos la sombra y el oxígeno que necesitan para que ellos también vayan floreciendo.
Duelos Culturales
Cuando llegamos a las costas de lo desconocido, me sumergí en un mar de culturas e idiomas diferentes. La danza de los duelos culturales se manifestó en cada encuentro, en cada intercambio de miradas y gestos no comprendidos.
En ese choque de realidades, encontré la necesidad de desaprender para volver a aprender. Cada día era una aventura, una inmersión en la riqueza de lo desconocido, y poco a poco, como un lienzo en blanco, fui pintando mi propio autorretrato cultural, mientras llenaba de colores el lienzo de una infancia feliz y sana emocionalmente para mis dos pequeños.
El Duelo de la despedida
En la melodía de la vida, decir adiós es parte de esos silencios que también forman parte del pentagrama. La distancia se levantó como una muralla, separándome de muchos seres queridos y de los rituales compartidos que formaban parte también de nuestra esencia.
Cada ocasión especial, cada momento fugaz, cada noche de locura en la juventud, cada paso en la finca que nos sirvió de refugio, se convirtió en un recuerdo distante. Sin embargo, el amor trasciende fronteras y las lágrimas se mezclan con el compromiso inquebrantable de mantener viva la conexión, a través de palabras susurradas al viento y abrazos imaginados.
El Duelo de las Expectativas Desvanecidas
El viaje hacia una vida mejor también trajo consigo el desvanecimiento de expectativas acariciadas. Los sueños de una existencia sin tropiezos se encontraron con la realidad, y en esa encrucijada, me vi confrontada con la necesidad de ajustar mi brújula interior. Cada expectativa no cumplida fue un llamado a reevaluar mi camino y descubrir nuevas formas de encontrar la plenitud en los caminos inesperados que la vida nos traza muchas veces. Si algo he aprendido en los últimos años, es que los sueños se reinventan, los planes cambian, y tenemos que ser flexibles con las nuevas opciones que se presentan, mientras el mundo cambia y nosotros con él.
Del duelo a la Resiliencia
En esa mezcla de duelos, la resiliencia es el arma más poderosa. Junto a la fe, y a mis dos niños que han sido mi motor de impulso, encontré la fuerza para continuar, incluso cuando sentía que ya no daba más. El dolor muchas veces fue tan intenso, la angustia, la responsabilidad, los problemas, las dudas, los desafíos, lo desconocido, tantos trámites, papeles, el retorno de la parálisis facial, el estrés… Todo junto fue un terremoto que muchas veces me hizo tambalear hasta las fibras que pensé tenía más firmes.
Como un árbol sometido a los embates del viento, encontré la fortaleza necesaria para doblarme sin quebrarme. Los desafíos se transformaron en oportunidades para crecer y florecer en este nuevo entorno, mientras echamos raíces en este nuevo país. Aprendí a escuchar las historias ocultas en cada rincón, a desafiar mis propios límites y a nutrir los brotes de esperanza luego de cada reto.
Cuando pueda contar con más detalles cada historia vivida en esta maternidad migrante, los distintos duelos atravesados serán una constante en los capítulos más íntimos. Pero en medio de cada pérdida y desafío, encontré la fuerza para abrazar mi propia resiliencia. Como madre migrante, mi historia se entrelaza con la de muchas otras mujeres valientes, y juntas tejemos una red de esperanza y amor.
Este texto es sólo una invitación a celebrar la diversidad, a reconocer el coraje de quienes atraviesan fronteras para comenzar una nueva vida y brindar un futuro mejor a sus hijos. En medio de tanta mezcla cultural, es necesario construir puentes de comprensión y apoyo para que las madres migrantes se sientan acompañadas en sus propios contextos y desafíos. En la sinfonía de la vida, cada duelo es una nota que nos lleva hacia la fortaleza y la sabiduría, mientras construimos un nuevo camino lleno de esperanza para las generaciones futuras.

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Ketty
Excelente!!! es una lástima que no da opción de dar me encanta!!! bendiciones para todas las madres del mundo!!!
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Annie Delgado Neto
Es increíble la percepción de los estados de ánimo por parte de los niños. Aparentemente para nosotros «no se dan cuenta», pero….no es así. Y lo mejor que tienen es que dicen las cosas «sin pelos en la lengua», de ahí la frase «los niños no mienten» cuando de opinar se trata. Muy bonito artículo! 👏👏👏👏👍😘😘😘😘
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Crecer en un mundo donde la magia y el amor se entrelazan con el aprendizaje y el juego es un regalo para nuestros hijos....
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Annie Delgado Neto
Qué bonito artículo!👏👏👏 Después de ser madre, vendrán otras versiones de tí, y aunque eres tú….nunca serás la misma. Te lo aseguro!!💞 Y ni qué decir cuando se llega a «otra escala»…. la de abuela!! Más nunca te encuentras!!😉🤗😍😘😘😘😘
Pablo Gustavo Díaz Reyes
Te puedo asegurar que con cada paso que das te vas volviendo más fuerte, más inteligente vas viendo la vida con diferentes matices que te van dando la sabiduría necesaria para afrontar los problemas eres una prodigio de la escritura así como ser madre me siento feliz por esos bebés que ya van creciendo y que ha cuidado con tanto amor, un beso grande los quiero mucho sigan así y verán que van ha salir a delante , ya lo están haciendo poco a poco un abrazo
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Liliu
👏👏👏