Esta es la página que más me ha costado escribir. ¿Quién soy? ¿Cómo aterricé en la maternidad? ¿Cuándo llegué a Traviesilandia por primera vez? ¿Qué puedo decir para enamorarte y que encuentres refugio en mi sitio? Ni siquiera sé por dónde empezar, porque son varios los inicios…
Cuando era (más) niña nunca me gustó jugar a las casitas. Prefería leer aventuras y comer mangos verdes sentada en el techo de la casa. Me escondía de mis abuelos y construía mi propio mundo. A medida que fui creciendo siempre mantuve ese personaje de aventurera. Nunca pensé en tener hijos. Me enfoqué en mi carrera profesional. Si cuatro años atrás alguien le hubiese preguntado a mis amigos sobre bebés y maternidad, creo que yo sería la última persona en la que pensarían, y la primera si le hablabas para salir de fiestas.
Luego del fracaso profesional de un viaje a China que no resultó como esperaba, mi vida cambió drásticamente. Los sueños planeados, las metas propuestas, el futuro perfecto: todo aquello quedó moribundo y huérfano en esa céntrica calle de Beijing.
Cuando regresé a Cuba, al otro lado del mundo, la niña aventurera comenzó a sentirse sola, indefensa, derrotada. Ya ni los mangos verdes la animaban. Fueron meses difíciles, de incertidumbres, miedos y nuevos comienzos.
En medio de tanto caos, llegó el amor. Regresaron las ilusiones, los sueños y algunos planes, aunque todavía mi mundo se tambaleaba por momentos. De repente, las dos rayitas rojas volvieron a poner todo de cabeza. El test de embarazo positivo, el ultrasonido, las dudas, los miedos. No estaba lista para cuidar de mí, mucho menos para hacerme cargo de esa personita que venía en camino.
Pero el tiempo pasó, decidimos tener el bebé y reconstruimos el futuro. Trazamos estrategias, improvisamos, rescatamos planes y remendamos los sueños para que nos sostuvieran. Mi embarazo no fue el más bello del mundo. Tampoco mi parto, ni la cesárea de urgencia, ni el posparto.
Ninguno de esos momentos fue mágico desde mi experiencia. ¡¡¡Pum!!! De repente aterricé en el planeta Maternidad y no tenía ni idea de cómo poner los pies en ese terreno desconocido, escabroso, oscuro. Los primeros pasos en ese nuevo mundo han sido los más difíciles de mi vida. Las largas madrugadas, los kilos de más, los dolores, el estrés. Nadie te prepara para eso, ningún consejo te consuela, nada te tranquiliza.
Creo que cuando me pusieron a mi bebé en brazos, lloré más que él. Todo era tan nuevo, tan extraño, tan incierto. Aquel viernes de enero, como regalo de año nuevo, nació mi hijo, y de repente, nací yo. Fue un renacer, como el ave fénix, doloroso e impactante, pero lleno de colores y matices. No te voy a mentir, me ha costado mucho adaptarme al planeta Maternidad. Caminar con pasos más seguros, disfrutar el proceso, crecer. Aprendí a vivir un día a la vez y organizar prioridades.
Cuando Daniel apenas tenía año y medio, volvieron las dos rayitas rojas, la incertidumbre y el estrés. Después de muchas dudas, no voy a mentirles, decidimos tener ese segundo hijo con todos los cambios que traería consigo. Otro comienzo, una nueva responsabilidad y múltiples desafíos.
En medio de tanto llegó Emma, nuestra niña primavera. Las noches de cólicos, biberones y pañales sucios regresaron con una recién nacida que volvía a llenar de llanto las madrugadas.
Cuando nuestra hija tenía tres meses, decidimos echar los sueños en una maleta y hacer una travesía por toda Centroamérica para llegar a Estados Unidos y comenzar una nueva vida.
Con dos niños pequeños, cruzar fronteras, atravesar ríos, desafiar curvas y barrancos, ha sido lo más difícil que he tenido que asumir en mi vida. Necesitaría muchas páginas para hablar de esas semanas de estrés, de miedo, de preocupación constante. Ellos eran todo el equipaje que necesitaba para volver a empezar.
Estos últimos cuatro años, con una maternidad doble, intentando construir un hogar en un nuevo país luego de esa travesía que aún me saca las lágrimas y me provoca pesadillas, varias parálisis faciales que también me cambiaron no sólo la cara, sino la vida; han sido un desafío gigante.
Y aunque hacemos planes, dejo que el recorrido por el universo de la Mapaternidad me sorprenda. Algunos días son de fuertes tormentas, de lluvias, otros de un cielo despejado y en muchos dibujamos arcoiris y estrellas. En Traviesilandia todo es inestable, se improvisa mucho, se queman los manuales y no juzgamos, porque sabemos que es difícil recorrer estos mundos complejos sin tropezar. Se duerme poco, pero se sueña siempre. Se llora, pero se descubren las carcajadas más auténticas. Se hacen interminables las madrugadas, pero cada amanecer promete nuevos comienzos. Y vale la pena aferrarse a eso.
Por tales motivos, si llegaste a leer todo lo que conté y no te abrumé demasiado, te invito a que aterrices conmigo. Asómate a la ventanilla, quítate el cinturón de seguridad, y baja con entusiasmo para que disfrutes de todas las maravillas que puedes encontrarte en este universo extraño, pero maravilloso. Porque algo te puedo asegurar: a pesar de las turbulencias, es el vuelo más hermoso del mundo.
Aquí te espera, ojerosa, despeinada, pero con el corazón repleto de amor, una madre feliz, una Periodista Mamarazzi.
